EL VETO PARENTAL (a los derechos de mis hijos/as)

Claudia Acebrón
Secretaria de Feminisme i LGTBI+
de la Joventut Socialista del Baix Llobregat

Ante el evidente adoctrinamiento en ideología de género que sufren nuestros menores en los centros educativos, en contra de la voluntad y contra los principios morales de los padres, a  través de contenidos curriculares en asignaturas, actividades tutoriales, talleres y clases sobre ideología de género, así como una educación afectivo sexual que incumple flagrantemente el artículo 27.3 de la Constitución Española y los derechos que les asisten a estos como padres; en VOX, por tal motivo, hemos diseñado una campaña para promocionar, divulgar y poner en las manos de los padres el pin parental.

Así comienza la medida de lo que VOX denomina “pin parental”, que pretende conceder a los padres y madres la posibilidad de vetar la asistencia de sus hijos e hijas a actividades complementarias incluidas en el currículo escolar. A las que hace referencia especialmente VOX son aquellas charlas y talleres sobre homofobia, diversidad afectivo sexual, violencia de género y/o feminismo.

Las actividades complementarias no son optativas, puesto que se imparten en horario escolar y son aprobadas por el Consejo Escolar, en el que está representado el profesorado, los padres y madres del alumnado y el alumnado.

Pablo Casado decía Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros niños. Saquen sus manos de nuestras familias.

El señor Casado debería saber en primer lugar, que él tiene la patria potestad pero que cuando sus hijos nacieron se convirtieron en sujeto de derecho propio y, por tanto, adquirieron derechos fundamentales y universales. Uno de ellos es la educación integral y global, que tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales. No lo dice el PSOE, ni Unidas Podemos, ni las feministas radicales, lo dice la Constitución a la que el señor Casado tan recurrentemente se acoge.

Aunque pueda parecernos bronca la reflexión, también consideran “suyas” a sus hijas los padres y madres que las empujan a matrimonios infantiles, a someterlas a la ablación de clítoris o aquellos que venden a sus hijos/as o les prostituyen.

Pese a que por desgracia eso ocurra en muchos países en los que no llega nuestra legislación, los niños y las niñas tienen sus propios derechos y deben garantizarse con independencia del lugar y la familia a la que pertenezcan, tal y como recoge La Convención De Los Derechos del Niño de Naciones Unidas.

Y en segundo lugar, desde luego, el señor Casado, debería plantearse si no es él quién está metiendo sus manos en los derechos de sus hijos.

Hace cincuenta años valores como el respeto y la tolerancia ante el que consideramos diferente no eran los que, por suerte y aún lejos de ser los ideales, son actualmente.  Tampoco se hablaba entonces de feminismo, ni se ponía nombre a la violencia de género, se condenaba política y socialmente, ni por supuesto se ponían medidas para tratar de erradicarla. Hasta hace unas décadas se condenaba el aborto y hasta 1970 existía la Ley de vagos y maleantes que obligaba a internar y a tratar médicamente a gays y lesbianas.

Por supuesto que los padres y madres tienen derecho a enseñarle a sus hijos e hijas sus valores, pero no tienen derecho a que sean solo éstos los que conozcan.

Deben ser los hijos e hijas los que cuenten con la capacidad, a través de la educación y el conocimiento, de escoger sus propios valores.

Ni un hijo de padre machista u homófobo debe ser condenado a serlo también, ni en especial, una hija/o de padres machistas debe ser condenada/o a normalizar y sufrir el machismo, ni un hijo/a de padres homófobos debe ser condenado/a a creer que no puede amar a quien desee.

Son aquellos defensores del veto parental quienes condenan a sus hijos e hijas a crecer y vivir en una sociedad que no les respete y les tolere.

Son esos propios padres y madres quienes niegan su propia libertad y derechos.

La educación, la información y los conocimientos nos hacen libres. Es a través de ello en lo que nos convertimos en seres autónomos e independientes. No podemos escoger a nuestra familia, ni a los valores que predominen en ella, pero el Estado nos ampara para que, como derecho fundamental, podamos tener nuestros propios valores y por tanto, decidir sobre nuestra propia vida.

Por otro lado, el cuestionamiento de estas actividades complementarias ataca directamente al profesorado, poniéndose en cuestión su profesionalidad y su criterio, ya que dichas actividades, aunque sean impartidas por personas externas del centro, sí han sido aprobadas y consideradas necesarias de incluir en el currículo por el profesorado.

Resta, una vez más, credibilidad al sistema educativo y al papel que juegan en él los profesionales de la educación.

La bajeza política y moral de VOX es algo a lo que estamos acostumbrados. Vuelve a tocar fondo ahora, cuando como ejemplo de adoctrinamiento en las aulas mediante estas actividades complementarias, cuelga en sus redes un fragmento del monólogo No solo duelen los golpes, de Pamela Palenciano. En él vemos a su autora, víctima de violencia de género, que creó este monólogo y por el que ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su aportación a la prevención de la violencia machista.

¿Qué temen? ¿Por qué quieren impedir que sus hijos e hijas sean capaces de tejer sus propias ideas y valores?

No blanqueemos el concepto, que los padres prohíban que sus hijos asistan a actividades complementarias, es vetar que sus hijos reciban formación y conocimientos que les permite construir sus propias ideas y valores. No es un pin, es un veto y no es un veto al Estado, si no a los derechos de sus propios hijos e hijas.

Adoctrinar está muy lejos de educar.

 

Antonio Machado decía “es propio de aquellos con mentes estrechas, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.

 

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