Vanessa Cano
@sweetnelus
JSC Esplugues

Hace un mes del día de la conciliación y nada ha cambiado desde entonces.

El pasado 23 de marzo fue el día de la conciliación y el hashtag de la acción fue #ESTONOESCONCILIAR, porque trabajar ahora desde casa, como muchos estamos haciendo, no es la idea de teletrabajo que defendemos, ni mucho menos es conciliar.

¿Quién se siente identificado/a? Me levanto en mi horario normal, desayuno, quizá tengo que preparar desayuno a los más pequeños de la casa, lavarles, vestirles, ponerles a hacer algo educativo… y me voy a trabajar. Me voy a la mesa del comedor claro, o al escritorio si tengo uno o al sofá. E intento trabajar, porque entre interrupciones, llamadas, miles de videollamadas, la tele de fondo, el móvil, la lavadora, reclamaciones de atención…. trabajar, trabajar, lo que se dice trabajar, es muy difícil.

Y cuando me doy cuenta, la hora de comer. Quizá la tengo que preparar o ya está en la mesa; o como delante del ordenador; o lo hago en 10 minutos. Y sigo trabajando. Y entonces llega la hora de plegar, pero no lo hago, porque tengo mucho trabajo acumulado. Pero las distracciones y la falta de concentración siguen ahí. Todavía tengo que sacar el lavaplatos, entretener a los niños/as porque no están bien después de otro día de encierro, quizá limpiar el baño, que ya toca y otro sinfín de tareas… Y sin darme cuenta, otro día ha pasado y lo único que he hecho es trabajar. Quizá saco algo de tiempo para mi después de cenar, por fin me puedo relajar cuando todos duermen. Y mañana, será otro día. Pero otro día de trabajo.

Esta es la gran realidad de muchas mujeres hoy en día. Y hablo de mujeres porque todavía el peso de las tareas del hogar y el cuidado de los niños recae en nosotras. Aún más durante el confinamiento. Según una encuesta del Club de MalasMadres*, ocho de diez mujeres tienen dificultades para teletrabajar durante el confinamiento. ¿Y los principales impedimentos? Las interrupciones de los niños y niñas, la falta de concentración, no tener un espacio físico dedicado al trabajo y el no cumplimiento de los horarios laborales.  Y eso sin hablar de las consecuencias psicológicas de llevar este ritmo. Al agobio del confinamiento se suma el estrés del trabajo y de todas las cosas que tenemos que hacer. Simplemente, no es ni normal ni sano.

Estamos viviendo una situación excepcional. La crisis del coronavirus nos ha impacto a todos/as, en muchos sentidos y de muchas formas diferentes. De un día para otro hemos tenido que cambiar nuestras rutinas y encerrarnos en casa, intentando seguir lo que hacemos en “un día normal” pero desde casa. Y aquí entra el teletrabajo. Una idea que hemos defendido (y seguimos defendiendo) como una medida de conciliación clave para equilibrar la vida profesional con la personal. Pero lo que quedaba tan bien sobre papel, en la realidad no se está cumpliendo.

Esta no es la idea que teníamos en mente cuando hablamos de teletrabajo y conciliación. El teletrabajo no depende de horarios laborales, sino que parte de la flexibilidad horaria y de trabajar por objetivos. Viene dado, sobre todo, por un cambio en nuestra mentalidad sobre la manera en la que trabajamos, dejando atrás la cultura de la presencia. El teletrabajo supone un cambio de paradigma y, por ende, cultural de nuestra sociedad, que llevará su tiempo, porque estas cosas no se hacen de un día para otro. Y lo que tenemos que hacer es ir acompañando y guiando este cambio.

Por eso, tenemos que dejar una cosa clara: esto que llamamos ahora teletrabajo, no es en sí a lo que nos referimos cuando hablamos de ello como una medida de conciliación. Esta situación es excepcional, como también lo es la forma en la que estamos trabajando. Y es lo que denunciamos en este articulo. ¡Esto no es teletrabajo!

 

*Encuesta Malas Madres: https://clubdemalasmadres.com/resultados-encuesta-esto-no-es-conciliar/

Imagen:Foto de Negocios creado por freepik – www.freepik.es

 

 

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