Raúl Martínez Ramírez
JSC Esplugues
@R_Martinez97

 

Una compañera y amiga escribió hace no mucho por sus redes que el Partido Popular desmanteló la sanidad pública, Ciudadanos lo aplaudió y ahora lo reclamaban. También mencionaba el caso de Estados Unidos, lugar en el que potencial económico no equivale a Estado del Bienestar, como sucede en los países nórdicos, sino más bien a lo contrario: a un sistema privado prácticamente en su totalidad que podríamos llegar a catalogar, aunque con pinzas, de “Estado Mínimo”.

Éste posicionamiento de lo privado frente a lo público en el campo de la sanidad, acarrea consecuencias directas y obvias sobre la población, ya que si ésta no tiene dinero para pagar, no tiene opción de visitar un centro sanitario. Esta premisa, ya de costumbre difícil de asimilar para cualquier persona que crea en la igualdad y la justicia social, se vuelve más indigesta en los tiempos que corren, en los que una pandemia, el famoso COVID-19, se ha expandido por el planeta. Tanto es así que como decíamos en las líneas anteriores, ciertas figuras y actores que sólo hacían que alabar las bondades del sector privado parecen haber guardado temporalmente sus atavíos y tijeras para salir a gritar a los cuatro vientos la mala situación que está pasando la sanidad pública y, según ellos, la mala gestión que está haciendo el actual Gobierno.

Apena pensar que estos nuevos adalides de la sanidad pública, además de miopía crónica tienen episodios de pérdidas de memoria, ya que fueron ellos quien en el Gobierno anterior al de Sánchez seccionaron 10.000 millones de euros del presupuesto de sanidad. Esto supuso poner a la sanidad pública contra las cuerdas, dejándola sin recursos a nivel material y humano, obligándola a cerrar plantas y alas enteras de centros sanitarios habiendo unas listas de espera eternas. En nuestro caso particular, en Catalunya, hemos vivido por desgracia el mismo trágico espectáculo con el matiz que lejos de renegar de su postura, aquellos causantes los recortes han preferido reafirmarse en sus falacias y ensoñaciones diciendo que hacen lo que pueden y que el descontrol no se debe a su inacción, que la culpa no es suya y nunca lo ha sido. Tampoco dan la talla en esta ocasión.

Debemos, pero, reenfocar nuestra atención sobre lo que está sucediendo. De éstos días en que la falta de recursos de la que hablamos ha alcanzado un nivel superlativo, hasta el punto que incluso negocios y particulares que nada tienen que ver con el gremio sanitario han adaptado su producción y centros de trabajo para dar salida a material. Estos días, en que nuestro personal sanitario y asociado se está dejando la piel para superar una situación no vista en décadas, podemos extraer dos conclusiones, a saber:

La primera, que, de ser la hipocresía, el oportunismo y la incompetencia flores, algunos de los más destacados personajes de la actualidad serían primavera.

La segunda, que tenemos un país plagado de héroes y heroínas, de gente que de una forma u otra está trabajando contrarreloj para conseguir salvar el día. Y no me refiero solamente al personal sanitario y asociado del que hablábamos líneas ha, sino también del personal de limpieza, trabajadores y trabajadoras de supermercados y sector de la alimentación, transportistas, taxistas, CFSE y un largo etcétera.

Dicho esto, y para concluir estas líneas, me gustaría dar una receta (en jerga médica) y unas palabras. Al primer colectivo, el oportunista, le recetaría un confinamiento más estricto si cabe que al resto de la ciudadanía. Confinamiento total y absoluto para evitar que sigan interfiriendo en los pasos de quien sí que está haciendo algo. Al segundo colectivo, no puedo sino darle las gracias, gracias de corazón. Siempre habéis sido héroes y heroínas sin capa.

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